El paciente quirúrgico en ortodoncia: cuándo es necesario combinar ortodoncia y cirugía ortognática.
Cuando pensamos en ortodoncia, solemos asociarla con mover los dientes hasta conseguir una mordida correcta y una sonrisa más armónica. Sin embargo, existen casos en los que el origen del problema no está únicamente en la posición de los dientes, sino también en la posición o el desarrollo de los huesos que los sostienen.
Es aquí donde aparece una figura todavía bastante desconocida para muchos pacientes: el paciente quirúrgico en ortodoncia.
En Clínica Dental Piñal, en Santander, valoramos cada caso de forma individual para determinar si una alteración de la mordida puede corregirse únicamente mediante ortodoncia o si, por el contrario, existe una discrepancia ósea que hace necesario plantear un tratamiento combinado con cirugía ortognática.
¿Qué es un paciente quirúrgico en ortodoncia?
Cuando hablamos de un paciente quirúrgico nos referimos, en este contexto, a un paciente que ha finalizado su crecimiento y presenta una alteración esquelética entre el maxilar superior y la mandíbula suficientemente importante como para que la ortodoncia por sí sola no pueda corregir adecuadamente el problema.
La ortodoncia permite mover los dientes dentro de los huesos, pero en un adulto no puede modificar el crecimiento del maxilar o de la mandíbula de la misma manera que determinados tratamientos de ortopedia dentofacial pueden aprovechar el crecimiento durante la infancia.
Por eso es tan importante diferenciar entre un problema principalmente dental y un problema esquelético.
En determinados pacientes adultos, intentar solucionar únicamente con ortodoncia una discrepancia importante entre los huesos puede no permitir alcanzar el resultado funcional y facial que se busca. En estos casos puede estar indicada una combinación de ortodoncia y cirugía ortognática. Las sociedades científicas describen precisamente la cirugía ortognática como la corrección quirúrgica de alteraciones esqueléticas del maxilar, la mandíbula o ambos.
¿Qué problemas pueden hacer necesario este tratamiento?
No existe un único tipo de paciente quirúrgico. Las alteraciones pueden manifestarse de formas muy diferentes.
Podemos encontrarnos, por ejemplo, con pacientes en los que existe una diferencia importante entre el tamaño o la posición del maxilar superior y la mandíbula, asimetrías faciales, determinadas mordidas abiertas o discrepancias que dificultan que los dientes superiores e inferiores engranen correctamente.
Estas alteraciones pueden tener una repercusión funcional, dificultando aspectos como la masticación, pero también pueden generar una preocupación relacionada con la armonía facial. La AAOMS incluye entre las situaciones asociadas a deformidades esqueléticas faciales diferentes tipos de maloclusión, discrepancias transversales, asimetrías y mordidas abiertas, entre otras.
Esto no significa que cualquier mordida alterada necesite cirugía. De hecho, muchas maloclusiones en adultos pueden tratarse únicamente mediante ortodoncia.
La clave está en realizar un diagnóstico completo.
¿Por qué la ortodoncia no siempre es suficiente?
Esta es una de las dudas más frecuentes.
Los brackets o los alineadores actúan fundamentalmente sobre la posición de los dientes. Si el origen de una mala mordida se encuentra principalmente en ellos, la ortodoncia puede ser suficiente.
Pero imaginemos que el problema principal está en la relación entre los propios huesos: por ejemplo, una mandíbula situada considerablemente por delante o por detrás del maxilar superior.
Una vez finalizado el crecimiento, no podemos esperar que un tratamiento de ortodoncia convencional haga crecer o reposicione esos huesos para corregir una discrepancia esquelética importante.
En esos casos, la ortodoncia tiene una función y la cirugía ortognática tiene otra. Son dos partes de un mismo tratamiento, planificado de forma coordinada entre ortodoncista y cirujano maxilofacial.
¿Cómo es un tratamiento de ortodoncia y cirugía ortognática?
Aunque cada caso requiere una planificación personalizada, el tratamiento convencional suele dividirse en varias etapas.
1. Estudio y diagnóstico
El primer paso es determinar exactamente dónde se encuentra el problema.
Para ello se estudian los dientes, la mordida, la relación entre maxilar y mandíbula y las características faciales del paciente. A partir de ese diagnóstico puede determinarse si es posible conseguir los objetivos mediante ortodoncia o si conviene realizar una valoración conjunta con cirugía maxilofacial.
El cirujano también debe valorar al paciente y determinar si es candidato a la intervención.
2. Ortodoncia antes de la cirugía
En muchos protocolos, antes de la intervención se realiza una fase de ortodoncia para colocar los dientes en la posición adecuada dentro de cada maxilar y preparar la mordida para el cambio que se realizará quirúrgicamente.
Esta fase es fundamental: el objetivo no es simplemente que los dientes parezcan alineados antes de la operación, sino prepararlos para que maxilar y mandíbula puedan relacionarse correctamente después de la cirugía. Los protocolos hospitalarios de cirugía ortognática contemplan habitualmente ortodoncia antes y después de la intervención.
3. Cirugía ortognática
Una vez finalizada la preparación ortodóncica y realizada la planificación correspondiente, llega la fase quirúrgica.
La cirugía ortognática permite modificar la posición del maxilar superior, la mandíbula o ambos, dependiendo de las necesidades del paciente. Es un procedimiento realizado por especialistas en Cirugía Oral y Maxilofacial y requiere una valoración y planificación hospitalaria específica.
4. Ortodoncia después de la intervención
El tratamiento no termina con la cirugía.
Tras la recuperación inicial, la ortodoncia continúa para realizar los ajustes necesarios y conseguir que la mordida quede correctamente asentada. Es habitual utilizar también elásticos durante esta fase para ayudar a guiar y ajustar la oclusión.
La duración de cada etapa varía considerablemente según el caso, por lo que no existe un plazo único aplicable a todos los pacientes.
¿El objetivo es funcional o estético?
Puede ser ambos.
Una discrepancia entre maxilar y mandíbula puede afectar a la forma en la que los dientes encajan y, por tanto, a funciones como la masticación. Al modificar la posición de los huesos también pueden producirse cambios en la apariencia y las proporciones faciales.
Por ello, el tratamiento debe planificarse teniendo en cuenta función, oclusión y armonía facial, además de las expectativas concretas de cada persona. El objetivo principal de la cirugía ortognática es corregir la deformidad esquelética y mejorar forma y función; los cambios de los tejidos blandos y del aspecto facial están estrechamente relacionados con esos movimientos óseos.
¿Cómo puedo saber si soy un paciente quirúrgico?
No puede determinarse simplemente mirándose al espejo ni por tener los dientes desalineados.
Una mordida que aparentemente parece compleja puede resolverse únicamente mediante ortodoncia, mientras que en otros pacientes existe un componente esquelético que hace recomendable estudiar otras alternativas.
Por eso, el primer paso siempre debe ser una valoración ortodóncica completa.
En Clínica Dental Piñal en Santander podemos estudiar tu mordida, analizar la relación entre maxilar y mandíbula y explicarte qué posibilidades existen en tu caso.
Si detectamos que existe una discrepancia esquelética susceptible de tratamiento quirúrgico y quieres valorar esta opción, el proceso se plantea de manera coordinada con el equipo de Cirugía Oral y Maxilofacial.
Porque ser un paciente quirúrgico no significa que “la ortodoncia no funcione”. Significa que el problema no está únicamente en los dientes y, por tanto, su solución puede necesitar un abordaje conjunto.
Y conocerlo desde el principio permite tomar decisiones con toda la información sobre la mesa.












