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Cuando pensamos en ortodoncia, solemos asociarla con mover los dientes hasta conseguir una mordida correcta y una sonrisa más armónica. Sin embargo, existen casos en los que el origen del problema no está únicamente en la posición de los dientes, sino también en la posición o el desarrollo de los huesos que los sostienen.

Es aquí donde aparece una figura todavía bastante desconocida para muchos pacientes: el paciente quirúrgico en ortodoncia.

En Clínica Dental Piñal, en Santander, valoramos cada caso de forma individual para determinar si una alteración de la mordida puede corregirse únicamente mediante ortodoncia o si, por el contrario, existe una discrepancia ósea que hace necesario plantear un tratamiento combinado con cirugía ortognática.

¿Qué es un paciente quirúrgico en ortodoncia?

Cuando hablamos de un paciente quirúrgico nos referimos, en este contexto, a un paciente que ha finalizado su crecimiento y presenta una alteración esquelética entre el maxilar superior y la mandíbula suficientemente importante como para que la ortodoncia por sí sola no pueda corregir adecuadamente el problema.

La ortodoncia permite mover los dientes dentro de los huesos, pero en un adulto no puede modificar el crecimiento del maxilar o de la mandíbula de la misma manera que determinados tratamientos de ortopedia dentofacial pueden aprovechar el crecimiento durante la infancia.

Por eso es tan importante diferenciar entre un problema principalmente dental y un problema esquelético.

En determinados pacientes adultos, intentar solucionar únicamente con ortodoncia una discrepancia importante entre los huesos puede no permitir alcanzar el resultado funcional y facial que se busca. En estos casos puede estar indicada una combinación de ortodoncia y cirugía ortognática. Las sociedades científicas describen precisamente la cirugía ortognática como la corrección quirúrgica de alteraciones esqueléticas del maxilar, la mandíbula o ambos.

¿Qué problemas pueden hacer necesario este tratamiento?

No existe un único tipo de paciente quirúrgico. Las alteraciones pueden manifestarse de formas muy diferentes.

Podemos encontrarnos, por ejemplo, con pacientes en los que existe una diferencia importante entre el tamaño o la posición del maxilar superior y la mandíbula, asimetrías faciales, determinadas mordidas abiertas o discrepancias que dificultan que los dientes superiores e inferiores engranen correctamente.

Estas alteraciones pueden tener una repercusión funcional, dificultando aspectos como la masticación, pero también pueden generar una preocupación relacionada con la armonía facial. La AAOMS incluye entre las situaciones asociadas a deformidades esqueléticas faciales diferentes tipos de maloclusión, discrepancias transversales, asimetrías y mordidas abiertas, entre otras.

Esto no significa que cualquier mordida alterada necesite cirugía. De hecho, muchas maloclusiones en adultos pueden tratarse únicamente mediante ortodoncia.

La clave está en realizar un diagnóstico completo.

¿Por qué la ortodoncia no siempre es suficiente?

Esta es una de las dudas más frecuentes.

Los brackets o los alineadores actúan fundamentalmente sobre la posición de los dientes. Si el origen de una mala mordida se encuentra principalmente en ellos, la ortodoncia puede ser suficiente.

Pero imaginemos que el problema principal está en la relación entre los propios huesos: por ejemplo, una mandíbula situada considerablemente por delante o por detrás del maxilar superior.

Una vez finalizado el crecimiento, no podemos esperar que un tratamiento de ortodoncia convencional haga crecer o reposicione esos huesos para corregir una discrepancia esquelética importante.

En esos casos, la ortodoncia tiene una función y la cirugía ortognática tiene otra. Son dos partes de un mismo tratamiento, planificado de forma coordinada entre ortodoncista y cirujano maxilofacial.

¿Cómo es un tratamiento de ortodoncia y cirugía ortognática?

Aunque cada caso requiere una planificación personalizada, el tratamiento convencional suele dividirse en varias etapas.

1. Estudio y diagnóstico

El primer paso es determinar exactamente dónde se encuentra el problema.

Para ello se estudian los dientes, la mordida, la relación entre maxilar y mandíbula y las características faciales del paciente. A partir de ese diagnóstico puede determinarse si es posible conseguir los objetivos mediante ortodoncia o si conviene realizar una valoración conjunta con cirugía maxilofacial.

El cirujano también debe valorar al paciente y determinar si es candidato a la intervención.

2. Ortodoncia antes de la cirugía

En muchos protocolos, antes de la intervención se realiza una fase de ortodoncia para colocar los dientes en la posición adecuada dentro de cada maxilar y preparar la mordida para el cambio que se realizará quirúrgicamente.

Esta fase es fundamental: el objetivo no es simplemente que los dientes parezcan alineados antes de la operación, sino prepararlos para que maxilar y mandíbula puedan relacionarse correctamente después de la cirugía. Los protocolos hospitalarios de cirugía ortognática contemplan habitualmente ortodoncia antes y después de la intervención.

3. Cirugía ortognática

Una vez finalizada la preparación ortodóncica y realizada la planificación correspondiente, llega la fase quirúrgica.

La cirugía ortognática permite modificar la posición del maxilar superior, la mandíbula o ambos, dependiendo de las necesidades del paciente. Es un procedimiento realizado por especialistas en Cirugía Oral y Maxilofacial y requiere una valoración y planificación hospitalaria específica.

4. Ortodoncia después de la intervención

El tratamiento no termina con la cirugía.

Tras la recuperación inicial, la ortodoncia continúa para realizar los ajustes necesarios y conseguir que la mordida quede correctamente asentada. Es habitual utilizar también elásticos durante esta fase para ayudar a guiar y ajustar la oclusión.

La duración de cada etapa varía considerablemente según el caso, por lo que no existe un plazo único aplicable a todos los pacientes.

¿El objetivo es funcional o estético?

Puede ser ambos.

Una discrepancia entre maxilar y mandíbula puede afectar a la forma en la que los dientes encajan y, por tanto, a funciones como la masticación. Al modificar la posición de los huesos también pueden producirse cambios en la apariencia y las proporciones faciales.

Por ello, el tratamiento debe planificarse teniendo en cuenta función, oclusión y armonía facial, además de las expectativas concretas de cada persona. El objetivo principal de la cirugía ortognática es corregir la deformidad esquelética y mejorar forma y función; los cambios de los tejidos blandos y del aspecto facial están estrechamente relacionados con esos movimientos óseos.

¿Cómo puedo saber si soy un paciente quirúrgico?

No puede determinarse simplemente mirándose al espejo ni por tener los dientes desalineados.

Una mordida que aparentemente parece compleja puede resolverse únicamente mediante ortodoncia, mientras que en otros pacientes existe un componente esquelético que hace recomendable estudiar otras alternativas.

Por eso, el primer paso siempre debe ser una valoración ortodóncica completa.

En Clínica Dental Piñal en Santander podemos estudiar tu mordida, analizar la relación entre maxilar y mandíbula y explicarte qué posibilidades existen en tu caso.

Si detectamos que existe una discrepancia esquelética susceptible de tratamiento quirúrgico y quieres valorar esta opción, el proceso se plantea de manera coordinada con el equipo de Cirugía Oral y Maxilofacial.

Porque ser un paciente quirúrgico no significa que “la ortodoncia no funcione”. Significa que el problema no está únicamente en los dientes y, por tanto, su solución puede necesitar un abordaje conjunto.

Y conocerlo desde el principio permite tomar decisiones con toda la información sobre la mesa.

Cuando hablamos de tratamientos dentales en niños, es frecuente que surjan dudas sobre dos conceptos que muchas veces se confunden: ortopedia y ortodoncia.

Aunque ambos forman parte del abordaje de los problemas de mordida, posición dental y desarrollo de los maxilares, no actúan exactamente de la misma manera ni persiguen siempre los mismos objetivos.

En Clínica Dental Piñal, en Santander, damos mucha importancia a la valoración temprana porque, durante el crecimiento, existen situaciones en las que podemos intervenir de forma más sencilla y aprovechar el propio desarrollo del niño.

¿Cuál es la diferencia entre ortopedia y ortodoncia?

La diferencia principal está en qué queremos corregir y en qué momento del crecimiento se encuentra el paciente.

La ortodoncia actúa principalmente sobre la posición de los dientes. Su objetivo es moverlos para mejorar su alineación, la mordida y la función.

La ortopedia, en cambio, se utiliza fundamentalmente en niños que todavía están creciendo y permite actuar sobre el desarrollo y la relación entre los maxilares.

Por eso, cuando hablamos de pacientes infantiles, la edad y el momento de crecimiento son especialmente importantes.

¿Qué es la ortopedia dentofacial infantil?

La ortopedia dentofacial busca guiar o modificar el crecimiento de los huesos maxilares cuando todavía existe potencial de desarrollo.

Puede estar indicada, por ejemplo, cuando existe una alteración en la relación entre el maxilar superior y la mandíbula, una mordida cruzada o determinadas situaciones en las que el crecimiento no está produciéndose de la manera más favorable.

El objetivo no es simplemente colocar los dientes más rectos, sino favorecer un desarrollo adecuado de las estructuras que los sostienen.

Esta es una de las razones por las que determinadas alteraciones conviene detectarlas pronto.

¿Qué es la ortodoncia infantil?

La ortodoncia se centra fundamentalmente en corregir la posición de los dientes y mejorar la forma en la que encajan entre sí.

Dependiendo del caso y de la edad del paciente, pueden utilizarse diferentes sistemas, como aparatos fijos o alineadores.

El tratamiento siempre debe individualizarse. No todos los niños necesitan ortodoncia a la misma edad ni todos los problemas deben tratarse en cuanto aparecen.

En algunos casos puede ser recomendable intervenir durante el crecimiento y, en otros, esperar a una fase posterior del desarrollo dental.

Entonces, ¿ortopedia u ortodoncia?

No existe una respuesta única.

En algunos niños el problema es fundamentalmente óseo y puede estar indicado un tratamiento ortopédico.

En otros, la estructura de los maxilares es adecuada y lo que necesitamos corregir es la posición de los dientes mediante ortodoncia.

También existen casos en los que ambos tratamientos forman parte del mismo proceso en momentos diferentes.

Por eso, antes de hablar de aparatos concretos, lo más importante es realizar un estudio completo de cada paciente.

¿Por qué la edad importa tanto?

En un adulto, el crecimiento de los maxilares ya ha finalizado.

En un niño, sin embargo, seguimos trabajando con estructuras que todavía están desarrollándose.

Esto abre una ventana de oportunidad para determinados tratamientos.

Cuando existe, por ejemplo, una alteración en el crecimiento de los maxilares, intervenir en el momento adecuado puede ayudarnos a guiar ese desarrollo y facilitar una relación más equilibrada entre las estructuras de la boca.

Por eso no siempre es recomendable esperar a que hayan salido todos los dientes definitivos para realizar una primera valoración.

¿Qué problemas pueden detectarse durante el crecimiento?

Durante una revisión de ortodoncia infantil pueden valorarse numerosos aspectos más allá de si los dientes están rectos o no.

Entre ellos:

  • Mordidas cruzadas.
  • Falta de espacio para la salida de los dientes permanentes.
  • Alteraciones en el crecimiento del maxilar o la mandíbula.
  • Apiñamiento dental.
  • Problemas en la relación entre los dientes superiores e inferiores.
  • Hábitos que pueden interferir en el desarrollo de la boca.
  • Alteraciones funcionales relacionadas con la respiración, la deglución o la posición de la lengua.

Precisamente por eso, una valoración de ortodoncia infantil no consiste únicamente en mirar la alineación dental.

La mordida cruzada: un ejemplo frecuente

La mordida cruzada es una de las situaciones que puede ser interesante detectar durante edades tempranas.

Normalmente, los dientes superiores deben quedar ligeramente por fuera de los inferiores al cerrar la boca.

Cuando esta relación se invierte en alguna zona, hablamos de mordida cruzada.

Dependiendo de su origen y características, puede estar relacionada con la posición de los dientes, con el desarrollo de los maxilares o con ambos factores.

En determinados casos, aprovechar el crecimiento puede resultar especialmente útil para corregirla.

No todos los niños necesitan tratamiento temprano

Esto también es importante.

Realizar revisiones desde edades tempranas no significa empezar un tratamiento de ortodoncia inmediatamente.

Muchas veces la mejor decisión es simplemente controlar la evolución del niño y esperar al momento adecuado.

El objetivo de la valoración temprana es precisamente saber si hay que intervenir, cuándo hacerlo y qué tipo de tratamiento puede ser el más adecuado.

Tratar antes no siempre significa tratar mejor.

Lo importante es hacerlo en el momento correcto.

¿Cuándo conviene realizar una primera valoración de ortodoncia?

Las revisiones odontológicas deben comenzar desde edades muy tempranas, desde la salida del primer diente, dentro del seguimiento habitual con el odontopediatra.

Es precisamente el odontopediatra quien puede detectar durante esas revisiones cualquier alteración en el crecimiento, la mordida o el desarrollo de los maxilares y, si es necesario, derivar al niño al ortodoncista.

No existe una única edad válida para realizar una primera valoración ortodóncica. Algunos niños pueden necesitarla antes que otros, dependiendo de cómo esté evolucionando su boca.

Por eso, más que esperar a una edad concreta, lo importante es realizar controles desde pequeños y valorar cualquier alteración cuanto antes.

Detectar pronto no significa tratar pronto, pero sí permite intervenir en el momento adecuado si fuese necesario.

Cada niño necesita un tratamiento diferente

No existen dos bocas iguales.

La decisión de utilizar ortopedia, ortodoncia o simplemente realizar controles periódicos depende de múltiples factores:

la edad, el desarrollo óseo, la posición de los dientes, el tipo de mordida, los hábitos del niño y el momento de crecimiento en el que se encuentra.

Por eso, el diagnóstico y la planificación son fundamentales antes de iniciar cualquier tratamiento.

Ortodoncia infantil en Santander: la importancia de valorar el crecimiento

En Clínica Dental Piñal, en Santander, estudiamos cada caso de forma individual para determinar cuál es el momento adecuado para intervenir y qué tipo de tratamiento puede ofrecer mejores resultados.

En pacientes en crecimiento, no se trata únicamente de conseguir unos dientes alineados. También buscamos favorecer una correcta función, una mordida equilibrada y un desarrollo adecuado de la boca.

Si tienes dudas sobre la mordida de tu hijo, la posición de sus dientes o su crecimiento, una valoración temprana puede ayudarte a saber si necesita tratamiento ahora, más adelante o simplemente seguimiento.

¿Por qué tengo mal aliento aunque me lave los dientes?

Lavarse los dientes a diario es uno de los pilares fundamentales para mantener una buena salud bucodental. Sin embargo, muchas personas se sorprenden al comprobar que, a pesar de cepillarse correctamente, siguen notando mal aliento o reciben comentarios sobre ello.

La halitosis, conocida comúnmente como mal aliento, afecta a un gran número de personas y, aunque suele ser un problema fácil de solucionar, también puede ser el primer aviso de que existe una alteración en la boca que conviene revisar.

En Clínica Dental Piñal, en Santander, ayudamos cada día a pacientes que acuden preocupados por este motivo. En la mayoría de los casos, identificar la causa es el primer paso para recuperar la confianza y mejorar la salud oral.

¿Qué es exactamente la halitosis?

La halitosis es la presencia de un olor desagradable y persistente en el aliento. Aunque todos podemos tener mal aliento de forma puntual, por ejemplo al despertarnos o después de consumir determinados alimentos, cuando el problema se mantiene en el tiempo es importante averiguar qué lo está provocando.

En torno al 80-90 % de los casos, el origen del mal aliento se encuentra en la propia cavidad oral.

¿Por qué tengo mal aliento si me cepillo los dientes?

Una de las dudas más frecuentes en consulta es precisamente esta.

Cepillarse los dientes es imprescindible, pero no siempre es suficiente. Existen muchas zonas de la boca donde las bacterias pueden acumularse y producir compuestos sulfurados responsables del mal olor.

Estas son las causas más habituales.

1. No limpiar la lengua

Muchas personas cepillan cuidadosamente sus dientes, pero olvidan una de las principales responsables del mal aliento: la lengua.

Su superficie presenta pequeñas irregularidades donde se acumulan restos de comida, células muertas y bacterias.

Con el paso del tiempo aparece una capa blanquecina o amarillenta que favorece la aparición de olores desagradables.

Por eso, una higiene bucal completa siempre debe incluir la limpieza de la lengua con un limpiador lingual o con el propio cepillo si está diseñado para ello.

2. Problemas en las encías

Las enfermedades periodontales, como la gingivitis o la periodontitis, son una causa muy frecuente de halitosis.

Cuando existe inflamación de las encías, sangrado o bolsas periodontales, las bacterias proliferan con mayor facilidad y producen sustancias responsables del mal olor.

En muchos casos, el paciente apenas nota molestias, pero el mal aliento puede ser uno de los primeros síntomas.

3. Caries o restauraciones defectuosas

Las caries profundas o los empastes deteriorados pueden crear pequeños espacios donde se acumulan restos de alimentos y bacterias difíciles de eliminar con el cepillado diario.

Estas zonas favorecen la proliferación bacteriana y, como consecuencia, la aparición de mal aliento.

4. No limpiar entre los dientes

El cepillo dental no consigue acceder correctamente a los espacios interdentales.

Si no se utiliza hilo dental o cepillos interproximales, los restos de comida permanecen entre los dientes durante horas, favoreciendo la formación de placa bacteriana y malos olores.

Por este motivo, la limpieza interdental es tan importante como el propio cepillado.

5. Boca seca

La saliva actúa como un mecanismo natural de limpieza.

Cuando disminuye su producción, las bacterias encuentran un entorno ideal para multiplicarse y producir mal olor.

La sequedad bucal puede aparecer por diferentes motivos:

  • Algunos medicamentos.
  • Respirar por la boca.
  • Estrés.
  • Determinadas enfermedades.
  • Falta de hidratación.

Muchas personas notan especialmente este problema al levantarse por la mañana o después de hablar durante mucho tiempo.

¿Puede venir el mal aliento del estómago?

Aunque popularmente se piensa que el mal aliento suele tener origen digestivo, la mayoría de las halitosis tienen un origen bucodental.

Solo cuando el dentista descarta todas las posibles causas orales puede ser necesario valorar otros factores médicos relacionados con el aparato digestivo, respiratorio o determinadas enfermedades sistémicas.

¿Cómo saber cuál es la causa en mi caso?

No siempre es fácil identificar el origen del problema por uno mismo.

Hay pacientes que mantienen una excelente higiene y, aun así, presentan halitosis debido a una enfermedad periodontal incipiente o a pequeñas zonas donde las bacterias se acumulan sin que sean conscientes.

Por eso es recomendable realizar una revisión completa cuando el problema persiste.

Durante la exploración se evalúan aspectos como:

  • Estado de las encías.
  • Presencia de caries.
  • Higiene dental.
  • Acumulación de sarro.
  • Estado de restauraciones antiguas.
  • Cantidad y calidad de la saliva.
  • Higiene lingual.

A partir de ahí puede establecerse el tratamiento más adecuado.

¿Cómo se elimina el mal aliento?

La solución dependerá siempre de la causa.

En muchos pacientes basta con mejorar algunos hábitos de higiene.

En otros casos puede ser necesario realizar un tratamiento periodontal, eliminar caries o efectuar una limpieza profesional.

Algunas recomendaciones generales incluyen:

  • Cepillarse correctamente después de cada comida.
  • Limpiar también la lengua.
  • Utilizar hilo dental o cepillos interdentales.
  • Mantener una buena hidratación.
  • Acudir a revisiones periódicas.
  • Realizar limpiezas profesionales cuando el dentista lo indique.

Los colutorios pueden ayudar de forma puntual, pero no solucionan el problema si existe una causa subyacente.

¿Cuándo debo acudir al dentista?

Si el mal aliento persiste durante semanas, aparece acompañado de sangrado de encías, movilidad dental, dolor o una sensación constante de mal sabor de boca, es recomendable acudir a una revisión.

Cuanto antes se identifique la causa, más sencillo será solucionarla.

En Clínica Dental Piñal podemos ayudarte

El mal aliento puede afectar a la confianza, las relaciones personales e incluso a la calidad de vida. La buena noticia es que, en la mayoría de los casos, tiene solución.

En Clínica Dental Piñal, en Santander, realizamos una valoración personalizada para identificar el origen de la halitosis y proponer el tratamiento más adecuado en cada caso.

Si notas que el problema persiste a pesar de cepillarte correctamente, estaremos encantados de ayudarte a recuperar una boca sana… y un aliento fresco.

¿Por qué son tan importantes las revisiones dentales periódicas? Mucho más que «mirar los dientes»

Muchas personas acuden al dentista únicamente cuando sienten dolor o notan que algo no va bien. Sin embargo, esperar a que aparezcan los síntomas suele significar que el problema ya está avanzado.

Las revisiones dentales periódicas no consisten solo en comprobar si hay una caries. Son una herramienta fundamental para prevenir enfermedades, detectar alteraciones en fases tempranas y mantener una buena salud bucodental a lo largo de toda la vida.

En Clínica Dental Piñal en Santander insistimos en la importancia de las revisiones porque sabemos que un diagnóstico precoz puede marcar la diferencia entre un tratamiento sencillo y otro mucho más complejo.

¿Qué se hace realmente en una revisión dental?

Existe la creencia de que una revisión consiste únicamente en «echar un vistazo» a los dientes.

En realidad, durante una revisión completa el odontólogo evalúa diferentes aspectos de la salud oral:

  • Estado de dientes y encías.
  • Presencia de caries incipientes.
  • Acumulación de placa bacteriana y sarro.
  • Estado de empastes, coronas o implantes.
  • Desgaste dental.
  • Alteraciones en la mordida.
  • Articulación temporomandibular (ATM).
  • Lesiones en lengua, mucosas y tejidos blandos.
  • Necesidad de realizar radiografías cuando están indicadas.

Todo ello permite detectar problemas antes de que produzcan molestias.

¿Por qué no debemos esperar a tener dolor?

Uno de los mayores errores es pensar que, si no duele, todo está bien.

Muchas enfermedades bucodentales evolucionan de forma silenciosa durante meses o incluso años.

Por ejemplo:

Las caries

En sus primeras fases apenas producen síntomas. Cuando aparece el dolor, la lesión suele ser más profunda y puede haber alcanzado el nervio del diente.

La enfermedad periodontal

La periodontitis comienza con inflamación o sangrado de las encías, pero rara vez provoca dolor en sus etapas iniciales.

Sin revisiones periódicas puede avanzar hasta afectar al hueso que sostiene los dientes.

El desgaste dental

Muchas personas no son conscientes de que sus dientes se están desgastando por bruxismo, erosión ácida o una combinación de ambos.

Cuando aparecen fracturas, sensibilidad intensa o pérdida de altura dental, el tratamiento suele ser más complejo.

Detectar a tiempo significa tratamientos más sencillos

La prevención tiene una gran ventaja: permite actuar cuando los problemas todavía son pequeños.

Una pequeña caries puede solucionarse con un empaste conservador.

En cambio, si esa lesión progresa, puede requerir un tratamiento de conductos, una corona o incluso la pérdida del diente.

Lo mismo ocurre con muchas enfermedades de las encías, problemas de mordida o alteraciones del desarrollo en niños.

Las revisiones también son importantes aunque lleves ortodoncia o implantes

Existe la idea de que quienes ya han terminado un tratamiento necesitan acudir menos al dentista.

En realidad sucede justo lo contrario.

Los pacientes con:

  • Implantes dentales.
  • Coronas.
  • Carillas.
  • Ortodoncia.
  • Prótesis.

Necesitan revisiones periódicas para comprobar que todo se mantiene en buen estado y prevenir posibles complicaciones.

Un mantenimiento adecuado ayuda a prolongar la vida útil de estos tratamientos.

¿Y los niños? La prevención empieza desde pequeños

Las revisiones no son importantes solo para los adultos.

En odontopediatría permiten controlar:

  • La aparición de caries.
  • El recambio de los dientes.
  • Los hábitos orales.
  • El desarrollo de la mordida.
  • El crecimiento de los maxilares.

Además, las visitas periódicas ayudan a que el niño se familiarice con el entorno dental, reduciendo el miedo y favoreciendo una relación positiva con el dentista.

Muchas alteraciones pueden detectarse durante estas revisiones antes de que sea necesario realizar tratamientos más complejos.

¿Cada cuánto tiempo hay que acudir al dentista?

No existe una única respuesta válida para todo el mundo.

La frecuencia dependerá de factores como:

  • Riesgo de caries.
  • Salud de las encías.
  • Presencia de implantes.
  • Ortodoncia.
  • Bruxismo.
  • Enfermedades sistémicas como la diabetes.
  • Hábitos de higiene.

En pacientes sanos suele recomendarse realizar una revisión al menos una vez al año.

Sin embargo, hay personas que necesitan controles más frecuentes para mantener una buena salud oral.

Por eso es importante que sea el odontólogo quien establezca la periodicidad más adecuada en cada caso.

Una revisión puede detectar problemas que ni siquiera imaginabas

En ocasiones, durante una revisión se descubren alteraciones que el paciente desconocía por completo:

  • Lesiones en la mucosa oral.
  • Fracturas dentales.
  • Desgastes progresivos.
  • Caries entre los dientes.
  • Problemas derivados del bruxismo.
  • Inflamación de las encías.
  • Signos de una mala oclusión.

Detectarlos de forma precoz permite intervenir antes de que afecten a la función, la estética o la salud general.

La prevención siempre será el mejor tratamiento

En odontología existe una realidad que nunca cambia: prevenir es más sencillo, menos invasivo y, en muchos casos, más económico que tratar enfermedades avanzadas.

Acudir periódicamente al dentista no significa que siempre vaya a ser necesario realizar un tratamiento.

En muchas ocasiones, la mejor noticia que podemos dar a un paciente es que todo está bien y que solo necesita seguir cuidando su salud bucodental.

Revisiones dentales en Santander: cuidamos de tu sonrisa a largo plazo

En Clínica Dental Piñal en Santander entendemos las revisiones como una parte esencial del cuidado de la salud, no como una simple consulta de rutina.

Nuestro objetivo es detectar cualquier alteración de forma temprana, resolver tus dudas y ayudarte a mantener una sonrisa sana durante muchos años.

Porque la mejor forma de evitar tratamientos complejos es adelantarse a los problemas antes de que aparezcan.